En KAIRO queremos que la pertenencia se construya con tiempo, participación y respeto. Puedes llegar con curiosidad, con dudas o sin saber todavía qué te gustaría compartir. El vínculo no se exige el primer día.
Lo que puedes recibir
Atención a lo que te pasa
La propuesta es reservar un tiempo para detenerte en algo que fuera vas aplazando. Quizá necesites ordenar una dificultad, expresar una emoción o escuchar una pregunta que te ayude a pensar. Nos importa que puedas plantear lo que necesitas sin competir por quién está peor.
Una relación que también puedes observar
Tal vez te resulte familiar hablar deprisa para no ocupar demasiado, quitar importancia a algo que te duele o estar pendiente de agradar. Podemos explorar situaciones como estas a medida que aparezcan y cuando tenga sentido hacerlo. Son ejemplos del trabajo que proponemos; cada persona puede traer necesidades diferentes.
El valor de compartir sin llevarte todo encima
Escuchar a otras personas puede resultar cercano y también movilizarte. En la preparación del grupo se deben abordar temores como sentirse obligado a revelar información o tener que arreglar los problemas de los demás. Puedes hablar con el profesional si algo te supera. [6]
Lo que puedes aportar
Escuchar o compartir una experiencia puede aportar algo a otra persona. La literatura grupal describe el altruismo como uno de los factores terapéuticos. Los participantes no asumen por ello funciones de terapeutas ni son responsables de la evolución ajena. [4]
Aquí queremos dar cabida a aportaciones sencillas: dejar terminar una frase, decir qué has entendido o preguntar si la otra persona quiere escuchar tu experiencia. Habrá días en los que tengas más para compartir y días en los que necesites recibir.
No existe una deuda por haber recibido apoyo. Tu progreso tampoco se mide por cuánto ayudas al resto.
Cómo queremos cuidar este espacio
La autonomía, la dignidad y la intimidad son principios del trabajo grupal. Los acuerdos deben explicarse antes de empezar, junto con los límites de confidencialidad. Cada participante se compromete a proteger la identidad y las experiencias de los demás. [5]
Nuestra propuesta los lleva a gestos concretos:
- Compartir a tu ritmo. Puedes expresar un límite y hablar de él con el profesional.
- Preguntar antes de aconsejar. Hablar desde la propia experiencia sin diagnosticar ni interpretar la vida de otra persona.
- Dar lugar a las diferencias. Escuchar una posición distinta y abordar un desacuerdo con respeto y acompañamiento.
- Proteger lo compartido. Las sesiones se plantean sin grabaciones; los relatos de otras personas no se trasladan fuera del grupo.
- Cuidar cómo nos hablamos. Una burla, una presión o una invasión de límites requiere atención; pertenecer no obliga a aceptarlas.
El compromiso de confidencialidad no garantiza la conducta de terceros. El equipo explicará sus límites y cómo abordar incidencias. [4]
El grupo tiene límites y tu vida sigue fuera
El contacto fuera de las sesiones se acuerda con claridad, sin presuponer intercambio de teléfonos ni pertenencia a un chat. Las relaciones entre participantes que afecten al proceso pueden abordarse con el profesional. [4]
La continuidad se revisa según tus necesidades. Puedes expresar que el grupo ya no te encaja y conversar sobre un cierre o una alternativa. El criterio ético es sostener la participación mientras resulte apropiada para la persona. [5]
Puedes empezar por conocernos
Antes de pensar en pertenecer a un grupo, puedes preguntar cómo es. Qué sucede en una sesión. Qué te preocupa. Qué esperas encontrar y qué prefieres mantener en privado.
La primera conversación es un espacio para esas preguntas.
Fuentes para seguir leyendo.
Referencias sobre psicoterapia grupal. Describen la investigación y la práctica profesional; no son una evaluación del programa KAIRO.
